Buen día el de ayer para correr por las calles de Gijón y buen día para hacer marca personal al paso de los 10 kilómetros. Si bien el Cross Villa de Gijón no era más que una carrera para ir cogiendo ritmo, lo cierto es que, al final, resultó una carrera marca. Es lo que pasa cuando uno no se juega nada.
Ya en los primeros compases de la carrera, mientras la playa de San Lorenzo no saludaba a su paso, las piernas decían que el ritmo era bueno, que podíamos estar por debajo de 3,40, sin muchos problemas. Y así fue durante todo el recorrido, salvo algún tramo en cuesta por la zona de La Calzada.
Al llegar al barrio de Pumarín, ya en el kilómetro 8, al mirar de reojo al cronómetro, me di cuanta que si continuaba con el mismo ritmo, podía hacer marca oficiosa en los 10 kilómetros. Tan sólo tenía que forzar un punto la máquina, no más.
Y al llegar a los 10 kilómetros cayeron los 36,06 que tiempo atrás había hecho en los 10 Kilómetros de Aranjuez, quedando así mi mejor marca en 35,55.
El resto de la carrera hasta llegar a Las Mestas en progresión, haciendo el último kilómetro en 3,26.
La carrera muy bien, no por la marca, que no va a ningún lado, si por las sensaciones, que, al final, es lo que encuentra.