Nunca pensé que una simple sardina sería la medicación para curar esta pequeña lesión que arrastro desde navidades. El caso es que ayer fuí a ver a un nuevo fisio recomendado por un nutrido grupo de corredores y después de hacerme ver las estrellas, acordarme de su antepasados y charlar amigablemente, me recomendó comer sardinas para ayudar a la recuperación de la pierna. Puede resultar a coña, pero las sardinas son fuente de omega3, elemento imprescindible en la recuperación de lesiones.
Las sardinas aportan al organismo fósforo, imprescindible en las funciones musculares; calcio, necesario para los huesos; y magnesio, que incide en los músculos y en el sistema nervioso. También contienen proteínas, componente fundamental de las células. Su aporte calórico es de unas 135 kcal. por cada 100 gr. de producto.
Asimismo, proporcionan retinol o vitamina A, para la buena salud de la piel y la vista. Al igual que otros pescados azules, contienen ácidos grasos insaturados omega 3, que reducen los niveles de colesterol, así como las arritmias, y limitan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Así que, amigos a comer sardinas.
